20 jun. 2009

muerteanonimato

Todos vienen y van
y no regresan,
y se van detrás de todos,
en silencio,
con maderos en las piernas,
con las piernas
enredadas
y en silencio.
Todos miran de frente
y por la espalda,
mirando la espalda de su encono,
con el rencor en la frente,
y la mirada sin sombras.
Todos vuelven a mirarse
lentamente,
a ignorar lo que no
saben muerto
y a querer lo que no pueden.
Y así, y lentamente,
en el silencio del encono
dan vuelta a sus espaldas
con la enigmática sombra
que acrece entre sombras
mientras se extingue el universo y
la conciencia.

13 may. 2009

cardumen escondido

Oigo una puerta que se abre
y nadie tras de ella
y nadie que la abra
con la mano o las rodillas.

Oigo un silencioso toc-toc
tras de la puerta
y nadie tras de ella:
ni dedos ni manos
ni ojos.

¿Y quién llama a esta puerta
si no hay manos ni miradas,
ni hay rodillas
ni hay ojos,
o tal vez algún insecto de antenas?

¿No será el viento el que firme
con su mano temblorosa
la paternidad de los cangrejos?

El umbral de aquella puerta
se mueve de repente.
Al revés está el cardumen
que se esconde entre las sábanas.

izquierda zurda mano izquierda

Se agitan las proclamas
en la marcha de los zurdos,
hombres de mano izquierda,
de izquierdo accionar en el camino,
de izquierda zurda, mano izquierda.

Se apoyan en la mano del vecino
para levantar la sábana bandera.
Mujeres y hombres y mujeres,
olla en mano, leña y kerosene,
kerosene Camisea o Como-sea.

Se agitan y avanzan gritando
la canción del elegido,
danza del vientre pelado por adentro,
hueco de éteres tangibles,
de éteres.

La marcha se destruye en el ventrículo derecho,
se destruye y el izquierdo no coopera.
Las vénulas se abrazan en el centro del respiro.
Otra marcha de humos nos ataca.
Nos golpea, nos pica, nos rascamos.

La arena en las espaldas ruboriza.
Las manos izquierdas no descansan.

14 ene. 2009

viñas azules, botellas rojas

El gato aquel que perseguimos
es el gato aquel que no tenemos.
Piedra lavada con la fuerza del río
que recorre junto al chasqui las entrañas del planeta.
Mágico sudor de hormiga roja, de hormiga beata y descreída.

El gato aquel que aún no llega
no vendrá por un llamado de queso
y ratonera.
¡Hay que tragarse el cuento de los relojes!
Hay que sacarlo de la cama con camisa de fuerza y,
una vez en nuestras manos,
liberarlo sin temor y
desoyendo las teorías de
la antigua vertiente occidental.

Detrás de una caja sorda y entreabierta
se ha de esconder el gato,
evadiendo a nuestros ojos sus aquellos zigzagueos
y evitando que lo empujen a ir detrás del pericote.

Todo diciembre será indispensable
pero inútiles serán nuestros eneros
si no entendemos que el de arriba existe porque existe
el de abajo,
y el de acá por el de allá,
y aquel otro por el otro,
y que la contradicción surge metafísicamente en la pupila.

¡Largo trayecto el que nos falta!
¡Larga la cola del roedor y los gatitos!
¡El futuro no se aleja de los brazos de Plutón
y la vida no se apaga con el golpe
de la piedra triangular y fragmentaria!

¡Junio está tan lejos que lo vemos de cerquita!
¡Las viñas siguen siendo azules!
¡Las botellas hoy se ven más rojas!

8 ene. 2009

¡adelante!

¡vamos a sembrar amor!
el dolor de la tierra nos reclama,
nuestra patria grande ya no puede esperar.
vamos tranquilos ¡despertemos!
desde nuestros hondos corazones
latiendo a un solo ritmo.
¡vamos, compañeros!
tomemos esa mano vecina
y empuñémosla con fuerza.
¡vamos niños!
es hora de crecer,
de sentir que la vida nos libera
de los golpes de muerte
del destino.
no temáis de la ceguera
recogida por las manos
temblorosas,
no dudéis de vuestras
fuerzas
que el camino se realiza
con la furia de los pasos.
¡relámpagos, lluvias y granizos!
¡nieve eterna de los andes!
¡serpenteante caminata oriental!
¡esta noche los cobayos son felinos!
¡mañana volveremos a la vida!
¡es cuestión de despertar!

7 ene. 2009

la canción de los romeos

Tu sonrisa va y viene entre mis manos,
va y viene vistiendo pasacalles
mientras allá afuera, la tarde nos convida
verticalmente su horizonte.
Tu cabeza descansa recostándose en mis sueños
y yo retorno al mar de tus silbidos.

Tarde gélida de otoño, la recuerdo bien.

Las Julietas nunca vieron la luz de esa mañana y,
en ese lapso ambivalente, provoqué la ira de los dioses
y las utopías sangrantes.
Te robé y te llevé a mis ciudades,
te limé las asperezas del destino
y tú jugaste con los vientos
con esa mirada de niñez
que evoca látigos de labios inferiores.
En el cruce de tus mágicos deseos
de la manera más vulgar nos conectamos.

Tarde gélida de otoño, la recuerdo bien.

La noche no tuvo cabida en esta historia.
Los Romeos empezaron a vivir.
 

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